8 DE OCTUBRE: DÍA NACIONAL DEL PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL ARGENTINO

 

 

En 1990 el Poder Ejecutivo Nacional, mediante el Decreto N° 2.033, del 26 de Septiembre, declaró al 8 de Octubre como Día del Patrimonio Natural y Cultural Argentino. Años más tarde, en 1996, los Ministros de Cultura del MERCOSUR,  en la reunión celebrada en Canela, Río Grande do Sul, Brasil, establecieron al 17 de setiembre como Día del Patrimonio Cultural de los países miembros. Además, en la estructura orgánica del MERCOSUR Cultural, se observa una Comisión de Patrimonio Cultural (Cumbre de Mendoza de 2012).

El 8 de Octubre de 2011 inauguramos este espacio web patrimonionyc.com.ar de información, formación,  contactos y debate, como dijimos en aquel momento, de la mano de la Diplomatura en Preservación del Patrimonio Natural y Cultural en la Universidad Blas Pascal, que había comenzado su primera cohorte en Abril de ese año. Y seguimos aquí, todos los miembros del equipo docente, continuando con nuestra tarea de capacitación y “concienciación”, tanto a nivel académico como en nuestras actividades educativas, direccionales, institucionales o de asesoramiento, en un tema que es fundamental a la supervivencia de la humanidad: su identidad y la preservación del patrimonio natural y cultural que la sostiene.

Labor sistemática, constante y urgente ya que,  desde mediados del siglo XX y andando el XXI, el concepto de patrimonio, su alcance y profunda relación con los cambios sociales, económicos y políticos del mundo a sido tema de intensos cuestionamientos. Ello es así, porque la toma de posición al respecto implica a las políticas culturales locales y/o regionales de los países y con ellas a la escuela, la educación y las instituciones de educación no formal, entre las que se encuentran los museos, archivos, áreas protegidas, bibliotecas, parques naturales, etc. Lo cual, por otro lado,  no puede ser de otra manera.

Hace ya varias décadas que todo proyecto territorial, cultural o turístico que se precie de sustentable y de buscar la calidad de vida de la sociedad involucrada, se legitima a partir del patrimonio natural y cultural, de su reconocimiento, preservación y uso social responsable.

Con la Convenciónpara la Conservacióndel Patrimonio Natural y Cultural (1972) se dio el gran paso de la consideración, no ya separadamente, del entorno natural-espacial y el producto cultural sino  como un todo integrado y de la cual surgió la responsabilidad de los Estados de “hacer que el patrimonio cumpla una función en la vida colectiva de los pueblos”.

Esa mirada se afianza cuando, para conceptualizar “patrimonio cultural” hablamos de “esas manifestaciones de la naturaleza impactada por el hombre” partiendo, no del “valor económico” sino, del “valor Cultura”. Entonces, y sólo así,  el patrimonio cultural es la representación de la memoria colectiva, integrada con todo aquello que, a través de la historia  fueron creando los hombres a fin de adaptarse al medio y de organizar su vida, completado con lo que producen, cotidianamente, los que viven en el presente (Martini, 2012).

 

La noción de Patrimonio Integral

Es una concepción de Patrimonio en la que se integran lo natural, lo cultural, lo tangible e intangible, su uso social responsable y la participación comunitaria. Desde este punto de vista, abordamos el conocimiento, protección y gestión del patrimonio como problemática global y compleja, considerando lo natural y lo cultural integradamente, proponiéndolo desde la innovación conceptual y metodológica del que denominamos Patrimonio Integral (PI) cuando lo entendemos como el todo, armónico e inseparable, constituido por los productos culturales y el contexto o ambiente natural que los contiene y cualifica, el cual han creado los hombres de una comunidad o país, en su trayectoria histórica y  en un territorio (1).

Este concepto se caracteriza por su dinamismo, porque trabaja con la memoria colectiva local pero, activada, movilizada a partir de técnicas de participación social; teniendo en cuenta los momentos y aspectos de la microhistoria del lugar o la región y sin olvidar que, el uso social responsable de ese patrimonio integral, produce conflictos entre los diversos sectores  comunitarios; los cuales deben ser verificados, analizados e integrados también, admitiendo una multiplicidad de variantes y componentes. Así, esta noción de patrimonio incluye el territorio, los productos culturales y naturales que se identifican en él, lo tangible e intangible de los mismos, su uso social responsable y la participación comunitaria

En ese marco y, ante la necesidad de compatibilizar las insuficiencias de desarrollo y calidad de vida de las comunidades y la evidencia de conservar y proteger los bienes naturales y culturales de las mismas, se hacen imprescindibles acciones planificadas, instituciones afines como los museos, creativas y “aggionadas” y políticas públicas democratizadoras y participativas que produzcan la información y provocación de la sociedad al respecto.

En la llamada “sociedad del ocio”, “la cultura en sentido amplio, constituye un conjunto de potencialidades de incalculable valor para el disfrute turístico, la información, el conocimiento y, por ende, para la construcción identitaria” (2). Por eso, hace falta  construir identidad pero, no como “fusión cultural” sino como cohesión ante la diversidad cultural, descubriendo los vínculos naturales y culturales que permitan resistir de cara a la globalización actual, persistente consumidora de significados. Tal y como  lo reconociera la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano en 1972, “el hombre es obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente”, con lo cual quedan explicitados  los dos aspectos del medio humano: natural y cultural (3).

Lo que también debemos considerar es que, todo lo referido a la patrimonialización o activación de ese PI, tiene que ver con los discursos, con el poder y la política, ya que el patrimonio, siendo una construcción social, no es ingenuo ni inocente y su  puesta en valor y legitimación es producto de una negociación entre los sectores sociales participantes en su declaración como tal y, de esa “negociación” o “consenso”, sobrevienen tanto su reconocimiento social como los recursos económicos para su mantenimiento.

Por eso, definir qué es patrimonio y qué no lo es en una comunidad, depende de las “miradas” e ideologías que prevalezcan sobre  la realidad histórica, social y política de la misma, lo cual influye para decidir qué elementos “se eligen” para definir la identidad de quienes la componen y, según una determinada filosofía de pensamiento, se seleccionarán unos referentes y se ignorarán otros, se destacarán determinados significados de un elemento patrimonial y se relativizarán otros, subrayándose un mensaje sobre otro, que se quiere hacer sobresalir. El patrimonio debe pensarse, entonces, como un espacio de conflicto, de lucha, tensión y negociación entre diferentes sectores, atendiendo a las relaciones de poder entre los grupos involucrados. Lo cual permite preguntarse, sobre todo pensando en el Mensaje que emite esa selección y “legalización”, qué…, porqué…, quiénes…,  con qué objetivos…, qué política…

De ahí la importancia de la participación social, elemento constitutivo de relevancia en el concepto de PI a la hora de descubrir, reconocer cuál es el patrimonio que identifica a ese grupo humano, a esa región, toda vez que si bien todo lo que se transmite de generación en generación es cultura, cultura no es patrimonio, sino que éste se constituye en las manifestaciones, tangibles o intangibles de aquella.

El otro gran reto es “proteger los dividendos” de sostenibilidad, reconocimiento identitario y calidad de vida que ofrecen las nuevas tecnologías, sin perder o tergiversar la historia local, la permanencia del PI del lugar y, por el contrario, construir nuevos y cotidianos lazos a partir de esa participación comunitaria convocada.

Sin embargo, como hoy se consume, más por el consumir mismo que por el goce y alegría de aprehender el objeto de interés, se generan transformaciones y cambios muy rápidos para adaptar los bienes patrimoniales a la “fruición” social que implica la vida moderna, sin destruirlo o malversarlo. Con lo cual, si bien las innovaciones no pueden detenerse, son inevitables y aún naturales, es necesario ordenar y gestionar cabalmente el uso del PI de manera que no esté sujeto a los intereses políticos y económicos sino que, participación comunitaria mediante, se evite la pérdida de los valores identitarios que aquél asegura.

                                                          Mgtr. Lic. Yoli A Martini (*)

(*) Texto extraído dela Introducciónde Martini, Y. 2014 “Ciencia + Emoción = Interpretación del Patrimonio en Museos Universitarios”. Ponencia al V Encuentro de Museos Universitarios del MERCOSUR y II de Latinoamérica y el Caribe. Secretaría de Cultura dela UniversidadNacionaldel Litoral. Santa Fe, Argentina.

Notas

(1) Martini, Y. 2014 Curso sobre Patrimonio Integral e Interpretación. Dictado enla UniversidadNacionaldel Litoral, Santa Fe. Argentina.

(2) Serrano Rodríguez, A. 2002. Preservación del Patrimonio Natural y Cultural en una Ordenación del Territorio. I Congreso de Ingeniería Civil, Territorio y Medio Ambiente. Madrid. España.

(3) Declaración de la Conferenciade las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. 1972. Estocolmo, Noruega. http://www.ub.edu.ar/investigaciones/dt_nuevos/106_jankilevich.PDF

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>